
CRUCE DE CAMINOS, CAPITAL DEL ESPÁRRAGO
Huétor Tájar ocupa desde hace siglos una posición estratégica en el corazón de la comarca de Loja, donde convergen las rutas comerciales entre Granada, Málaga y Córdoba. Esta ubicación privilegiada en la fértil vega del río Genil ha forjado el carácter emprendedor de una villa que hoy lidera la producción nacional de espárrago verde, con más de 500 hectáreas de cultivo que producen 6 millones de kilos anuales bajo la marca de calidad IGP Espárrago de Huétor Tájar, reconocida en 2000 como Indicación Geográfica Protegida por su textura tierna y sabor característico.
El antiguo Pósito del siglo XVIII, actualmente en proceso de rehabilitación para convertirse en centro de interpretación, y estructuras como la Fortaleza de Taxara o Tájara -referente en la red de comunicación con las torres alquerías cercanas- documenta la larga historia del asentamiento humano en este territorio. Un pasado que, capa a capa, ha ido construyendo la identidad de un municipio que siempre supo sacar partido de su posición en el cruce de caminos del Poniente de Granada.
Vigilando desde el corazón del casco urbano, la Torre de la Alquería de Huétor es una torre-fortaleza nazarí del siglo XIV declarada Bien de Interés Cultural que formó parte de la extensa red de torres vigía que protegía el antiguo Reino de Granada. Integrada en el sistema defensivo junto a la Alcazaba de Loja, las torres de Riofrío y el Castillo de Salar, constituía un freno al avance cristiano por la ruta que hoy recorre la A-92.
A sus pies, la Iglesia Parroquial de Santa Isabel combina en perfecta armonía elementos mudéjares, renacentistas y barrocos desde que fuera iniciada en 1530 sobre la antigua mezquita, destacando su torre campanario de ladrillo que dialoga con las chimeneas industriales en el perfil urbano.
El agua ha sido siempre la verdadera riqueza de Huétor Tájar. El sistema de acequias perfeccionado desde época árabe riega una vega que produce espárragos desde 1930, cuando los primeros cultivos experimentales demostraron que el suelo calizo y el microclima local creaban las condiciones perfectas. La presencia del agua se hace visible en el paisaje urbano y rural del municipio, recordando que fue, y sigue siendo, la arquitecta silenciosa de este territorio.
Precisamente para mostrar esa riqueza hídrica del municipio y de su fértil vega surge el Centro de Interpretación ‘El Legado del Agua y la Tierra’, un novedoso espacio museístico sobre cómo este recurso ha marcado la historia hueteña.
Las fiestas hueteñas celebran esa dualidad entre tradición y progreso, de enero a diciembre de cada año. Comenzamos con la Candelaria de febrero, que ilumina los barrios con hogueras comunitarias, y el Carnaval que, con sus murgas críticas, demuestra que aquí el humor es tan importante como el trabajo. Pasada la Semana Santa, también relevante en Huétor Tájar, llega la Feria Gastronómica ‘Huétor Tájar con sabor a espárrago’, que convierte las calles cada primavera en un gran restaurante al aire libre donde el exquisito espárrago verde-morado es el absoluto protagonista de todo tipo de elaboraciones dulces y saladas. A continuación, el 25 de abril es el turno de San Marcos, una festividad extendida por todo el Poniente de Granada, donde es tradición compartir la jornada con los amigos y la familia en el campo.
Como ocurre en otros municipios del Poniente de Granada, en Huétor hay dos ferias locales importantes: la Feria ‘Chica’ en honor a San Isidro, que suele celebrarse el fin de semana más cercano al 15 de mayo con un completo programa de actividades lúdicas, culturales y deportivas para todas las edades; y la Feria ‘Grande’ en honor a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Son cinco días festivos a mediados de septiembre que prácticamente enlazan con otro evento importantísimo y con más de dos décadas de historia: el Zoco Andalusí. Durante todo un fin de semana, Huétor Tájar revive la tradición andalusí con artesanía, gastronomía y un ambiente único en la Plaza de Andalucía y su entorno.
Si visitas Huétor Tájar entre diciembre y enero, también podrás disfrutar del ya conocidísimo Belén Monumental, que, a lo largo de sus 100 m2, recorre distintos lugares y monumentos de España y todo el mundo. Este espacio, visitado cada año por miles de personas, representa las principales escenas en un Belén de tipo costumbrista con infinidad de detalles, figuras en movimiento y estampas llenas de tradición.
Mención destacada merece la gastronomía local, que ha sabido elevar el espárrago a categoría de arte sin olvidar los sabores de siempre: los andrajos con liebre de la sierra, las gachas con caldo de puchero que reconfortan en invierno, el remojón de naranja y bacalao que refresca en verano, y los pestiños con miel que endulzan cualquier celebración. En Huétor Tájar, donde los espárragos crecen entre historias de reyes y torres medievales, cada plato cuenta que este cruce de caminos sigue siendo, ante todo, un lugar donde detenerse y disfrutar.
