
Hay un artículo anterior en este blog que explica cómo el agua construyó el paisaje del Poniente de Granada durante cinco millones de años. Puedes leerlo aquí. Este artículo va al revés: en lugar de hablar del agua como fuerza geológica, habla del agua como experiencia. Del agua que se toca con las manos, que se bebe directamente de la roca, que se escucha cayendo entre los pinos, que se recorre por senderos de tierra, que se contempla tallando las paredes de un cañón.
El Poniente de Granada tiene más de 315 fuentes y manantiales, muchos ríos, varios embalses, aguas termales desde época romana y pozas de montaña casi desconocidas. No hay una sola forma de vivir el agua aquí. Hay muchísimas, aunque nosotros nos centramos en cinco.
1. TOCAR — Las Termas Árabes de Alhama de Granada
47 grados centígrados. Esa es la temperatura a la que brota el agua termal de Alhama de Granada, la misma temperatura que tenía cuando los romanos construyeron aquí el primer balneario en el siglo I d.C., la misma temperatura a la que bañaron sus cuerpos los sultanes de Granada y los viajeros románticos del siglo XIX. El nombre del pueblo lo dice todo: Alhama proviene del árabe «al-Hama», que significa aguas calientes. El agua no es aquí un recurso turístico. Es la razón por la que este lugar existe.
Las Termas Árabes conservan una alberca almohade del siglo XII construida sobre los cimientos de la alberca romana original. Bañarse en estas aguas es, literalmente, compartir el espacio con dos mil años de historia. Es uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura termal andalusí de toda la Península Ibérica, y ocupa el segundo puesto en el Top 10 de los imprescindibles del Poniente de Granada.
La experiencia de meterse en el agua termal a 47°C es difícil de describir. El calor no quema: envuelve. Los músculos ceden. El tiempo cambia de textura. Hay algo profundamente antiguo en esa sensación.
🔗 Termas Árabes de Alhama de Granada en ponientegranada.es
2. NADAR — El Embalse de los Bermejales, Arenas del Rey y Cacín
La carretera baja, el paisaje cambia y de repente aparece el azul. El Embalse de los Bermejales, en el término municipal de Arenas del Rey, es uno de los grandes secretos acuáticos del Poniente. Un lago interior rodeado de sierras, con aguas que en verano reflejan el verde de las laderas y el blanco de los cortijos en la distancia.
Aquí el agua invita a hacer cosas: nadar, navegar en kayak o canoa, pescar, o simplemente sentarse en la orilla y observar cómo cambia la luz sobre la superficie a medida que avanza el día. Es el punto del Poniente donde el turismo activo y la desconexión total se dan la mano.
El embalse retiene las aguas del río Cacín y abastece a buena parte de la comarca. Pero antes de llegar aquí, esas aguas han recorrido las gargantas y los nacimientos de la sierra, filtrándose por calizas jurásicas. Cuando llegas al embalse, el agua ya ha contado mucha historia.
🔗 Arenas del Rey en ponientegranada.es

3. ESCUCHAR — El Río Cebollón en Fornes
Hay sonidos que no existen en ninguna pantalla. El del agua del Río Cebollón en Fornes es uno de ellos: constante, cambiante, con el ritmo irregular de quien lleva siglos encontrando su camino entre las rocas.
Fornes es uno de los municipios más pequeños del Poniente, enclavado en la sierra entre Jayena y las estribaciones de los Montes de Málaga. El río Cebollón forma a su paso pozones naturales de agua fría y cristalina, rodeados de vegetación de ribera. El sendero que sigue el cauce es accesible y ofrece uno de esos paseos en los que la naturaleza hace todo el trabajo.
La recomendación es sencilla: salir del coche, dejar el teléfono en el bolsillo y caminar hasta que el sonido del agua sea lo único que se escuche. En Fornes, ese punto no está lejos.
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4. CAMINAR — Las fuentes de Jayena y la Poza del Romance
El municipio de Jayena tiene inventariados 35 manantiales. De ellos, 21 siguen brotando. Hay pueblos enteros que no cuentan con un solo manantial activo. Jayena tiene veintiuno. Eso da una idea de la relación que este lugar tiene con el agua.
Las fuentes históricas del Zocay y Las Pulgas son las más conocidas, pero el tesoro natural de Jayena está a 4,5 kilómetros del pueblo, en el área recreativa del Bacal, junto al río Grande o Bacal. Desde allí arranca un sendero que serpentea entre cascadas y pozas hasta alcanzar la Poza del Romance: un remanso donde el agua ha esculpido formas caprichosas en la roca y el tiempo parece detenerse.
El camino entre la ribera, los pinos resineros —en algunos de los cuales todavía pueden verse las hendiduras dejadas por la extracción de resina que sostuvo la economía local durante décadas— y las cascadas es uno de los mejores paseos de agua del Poniente para hacer en familia o en pareja. Dificultad baja, paisaje alto.
🔗 Jayena en ponientegranada.es
🔗 Poza y cascada del Romance
5. CONTEMPLAR — Los Infiernos de Loja
En 1832, Washington Irving pasó por Loja camino de Granada y se detuvo ante algo que le dejó sin palabras. Lo anotó en sus Cuentos de la Alhambra: los llamó «antros oscuros de Loja, cavernas tenebrosas con ríos subterráneos y cataratas que infunden pavor por su ruido misterioso». Llevaba razón. Los Infiernos de Loja siguen causando exactamente esa impresión.
A solo dos kilómetros del casco urbano de Loja, el Río Genil se encuentra con un abrupto salto. El agua se precipita formando la Cola de Caballo, una cascada de entre 8 y 10 metros rodeada de una frondosa vegetación de ribera: chopos, sauces, olmos, rosales silvestres. El lugar fue declarado Monumento Natural en 2003 por su singularidad paisajística y la biodiversidad que alberga, que incluye truchas, galápagos y cangrejos autóctonos ibéricos.
Contemplar los Infiernos no es solo mirar una cascada. Es observar el trabajo del agua sobre la roca caliza a lo largo de siglos: las formaciones de travertinos que el agua carbonatada ha ido construyendo poco a poco, los cañones estrechos por los que el Genil se cuela entre paredes verticales, las fuentes que emergen directamente desde la roca junto a la pasarela de madera. El paisaje es tan particular que resulta difícil creer que esté a dos kilómetros del centro de una ciudad.
La ruta del Monumento Natural tiene unos 5 kilómetros y una duración aproximada de dos horas con dificultad baja. Un mirador sobre las cascadas permite contemplar el conjunto en toda su extensión.
🔗 Sigue la corriente: el agua en el Poniente de Granada
🔗 Monumento Natural de Los Infiernos de Loja
Un territorio hecho de agua
Tocar, nadar, escuchar, caminar, contemplar. El Poniente de Granada ofrece cinco formas distintas de relacionarse con el agua, en cinco municipios distintos, en cinco experiencias que se pueden encadenar en una escapada de fin de semana o explorar durante semanas.
Hay un principio que une todas estas experiencias: el agua del Poniente no es decorativa. No es el fondo de una fotografía. Es el protagonista. Es la razón por la que hay termas aquí desde hace dos mil años, la razón por la que el Río Cebollón ha construido pozones perfectos, la razón por la que Jayena tiene veintiún manantiales activos, la razón por la que los Tajos de Alhama existen.
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